Tropa de "La Calandria" a "La Coronilla" Semana Santa 2005

Nuestra familia posee un establecimiento arrendado en la 9na. Sección de Cerro Largo, donde hay  vacas de cría, y recría  de novillos.

Estaba llegando el momento en que debíamos mover los novillos de 2 y 3 años, de Cerro Largo a Florida en principio unos 100, debido a la intensa sequía, semana a semana sumábamos mas y mas novillos, hasta llegar a los 400 y pico; si o si la tropa era la manera de traer los animales.

Se me ocurrió que era una buena oportunidad para compartir en familia, traerla nosotros mismos, cuando lo planteo en el seno familiar, suena a locura, son más de 180 Km., los troperos serian  la mayoría niños, pero hace carne en los mayores y empieza a verse como una posibilidad. Se lo comunico a mi hijo y a mis sobrinos  muestran un entusiasmo y  ansiedad contagiosa.

 Hay que  empezar a organizarse, comienzan las preguntas: ¿cuantos días? ¿Aguantarían los chiquilines? ¿Por donde pasaríamos? ¿Cómo dormiríamos? ¿Y la comida?

Evidentemente necesitábamos a algún baqueano, solo y los niños no corrían. (Son de a caballo los gurises pero…).

Hablamos con los padres, un poco cortados al principio, algunas idas y vueltas, pero al fin todos de acuerdo.

¿Cuándo será? Hay poco tiempo, seguro antes del invierno, semana santa es el momento, los chicos tienen vacaciones.

¿Qué necesitamos? De todo, hago la lista: sobres de dormir, ropa de abrigo, un botiquín, ponchos, caldera, asador, ¡LOS CABALLOS! ¿Todos tienen recado?, cuerdas, lonas, ¿y si llueve? Bue, antes se mojaban y se jo…, que pase lo que Dios quiera.

 Evidentemente necesitamos 2 caballos por persona, eran 8 muchachitos más quien escribe, mas 2 troperos profesionales, por lo menos son 20 caballos.

Los 2 troperos de verdad serian: Jorge Vázquez, capataz de la estancia donde vivo con mi familia, hombre nervioso y servicial, Ariel Espíndola, jinete viejo y tropero de largas

marchas; este último me miro de costado cuando le dije quienes éramos de la partida, pero  se sumo gustoso, para el una pagina mas en su vida, para nosotros sobre todo para los menores recién empiezan la suya.

 Estos son los nombres de los gauchitos: Guillermo Sanguinetti Vivo (13 AÑOS), Javier Sanguinetti Olaso (12 AÑOS), Rafael Sanguinetti Sapelli (12), Santiago Sanguinetti Vivo (11), Carlitos Sanguinetti Sapelli (9), Juan Francisco Sanguinetti Luce (8), Miguel Sanguinetti Bentancor (7), Pedrito Etchegaray Bentancor (14) primo de Miguelito.

El lunes 21 de abril seria el día D, lunes de semana santa. Hay que preparar la tropa, bañar, clasificar, certificados veterinarios, etc.…, algunos caballos hay en Cerro Largo, otros tienen que ir en camión, partirían días antes, Espíndola va con ellos.

No es muy homogénea la tropilla, caballos criollos, mestizos, petisos y ponies, pero todos en excelente estado. Averiguamos los caminos, recabamos datos y suenan en mi cabeza picada del tío Antonio, tapera de Oribe, Monzón, Molles del pescado; debemos cruzar no menos de 8 arroyos ¿como serán las picadas?

La idea  es repartir la carga y que no nos falte nada, para arrancar 2 litros de agua, 2 manzanas, 2 naranjas, galleta y algún dulce por tropero. De cualquier manera una camioneta nos va a salir al cruce cada 2 días aproximadamente, llevando víveres.

Llega el sábado de semana santa, reúno a mi hijo y mis sobrinos, vamos a revisar todo y marcar las primeras pautas, cada uno se ocupa de sus cosas, deben ser ágiles y serviciales, va a haber momentos buenos y momentos duros, deben ser muy ordenados en los campamentos, muy cuidadosos con los caballos. La ansiedad es grande.

El domingo día de partir amanece lluvioso, cargamos los “monos” en 2 camionetas todo enlonado, llega el momento de la despedida, besos, abrazos y mil recomendaciones, veo a mis padres ciertamente conmovidos, no se si tienen lastima  (¡que viaje de arena gruesa!) o están emocionados, creo firmemente lo primero.

“Suerte, nos vemos, tengan cuidado, las víboras, recen, los remedios de Carlitos” arrancan los motores y solo se escucha la alegre charla de los niños.

Hicimos una parada técnica en Cerro Chato donde nos surtimos de algunas cosas, ya no llovía, pero estaba feo. Seguimos y paramos nuevamente en la estancia “El Cordobés”, donde visitamos la casa de Saravia, la recorrimos y nos compenetramos con la patriada en la que estábamos metidos. “Ellos sufrieron mas, lo nuestro es un paseo. Esta gente paso hambre y frío;  Enfrentaban a la muerte todos los días, hicieron historia”.

Rezamos unos minutos en la capilla por nosotros y por ellos. Salimos con el alma fortalecida, mas gauchos que nunca, con el corazón palpitando Patria y emoción!!.

Llegamos a “La Calandria” de tardecita, los caballos ya estaban en el corral, bajamos la impedimenta, ayudamos a carnear, y se vino la primera lección, armar cama con el recado. Se prendió un buen fuego, el mate, el asado y a dormir.

Estaba nerviosa la gurisada, no podían pegar un ojo, así que los llame al orden: “todo el mundo calladito, miren que mañana la jornada va a ser larga”. Lunes de madrugada, fuego grande en la estufa, mate caliente para todos, “muchachos, aclara, al corral, vamos, ¡los frenos!, forme pingo, sshh, tranquilo”, resoplan los matungos, andan con una energía, ya los quiero ver. El petiso de Juan Francisco esta redondo de gordo, va a ser difícil apretar la cincha.

“Cuidado con los ponchos, se asustan”. Algún desparramo , alguna espantada, tiran de las riendas, pero se tranquilizan.

Había que elegir la yegua madrina, como todo aquel que quiera ser  tropero debe tener un cencerro, el elegido fue un caballo noble y veterano, así que los gurises lo bautizaron “ el yeguo padrino”, rapidamente hizo punta y se convirtió en el líder de la tropilla, es la magia del cencerro. ¡Que lindo de noche, a lo lejos, escuchar su tañir!

“¡Bueno, suban, nos vamos, saquenlos despacio, firme en la rienda, suave!”

El encargado de La Calandria, salio mas temprano, va  a ir arrollando los novillos en el campo; al fin salimos, los caballos sueltos adelante y los troperitos echando de atrás, a los 2 Km. de las casas, siento un grito ¡Papàa! , miro y Juan en el piso, “aah petiso manso”, se le dio vuelta el recado, gordazo el mancarrón, pero quedó quietito al lado del jinete, alguna lágrima, fue un susto nada más, lo abrazo y le digo “que pingo tenès, viste cómo te quiere, ni se movió”. Acomodamos y seguimos, al rato nos juntamos con el ganado, “ Vázquez: reciba la tropa, cuente, Espíndola: vaya adelante, Guillermito y Javi lo acompañan y tapen las bocacalles tenemos que tratar de llegar al medio día a la picada del tío Antonio, en El Cordobés, los demás  echamos de atrás, son unas 3 leguas aproximadamente”. Al rato mientras íbamos tropeando apareció Carlitos con la cara toda colorada, la campera  y la bombacha, ¿que le había pasado?  Otra cincha floja, y cara contra el piso, la tierra en la zona es completamente colorada. Sin consecuencias.

El tiempo esta feo,  Espíndola me recomienda no apurar mucho, “el ganado se hace a la marcha”, tiene razón, la idea es marchar unos 30 Km. por día, o sea unas 6 leguas; el ganado está un poco sentido del baño, hay algún novillo medio manco. Hacemos nuestra primera parada al medio día antes del Cordobés, desensillamos, Espíndola queda de a caballo y Vázquez con el caballo ensillado, yo los miro un poco desconfiado, empezamos el asado, empieza a llover, tapamos las cosas como podemos, amontonamos los recados, el agua no nos da tregua, absolutamente mojados. Los dos gauchos de a caballo y emponchados, bien sequitos, me la ganaron, por dentro me rió, será posible? siempre hay algo que aprender. Almorzamos un asado semi-crudo pasado por agua, pero el espíritu era el mejor así que a ensillar y seguir. Paro de llover a eso de las 2 de la tarde quedo nublado y frío.

 Cruzamos la picada larga y sombreada, buena agua y mucha historia, cuantas veces habrá pasado el General? en un ratito estábamos en el departamento de Durazno, marchamos toda la tarde a buen ritmo, divisamos una estancia a lo lejos, ya hacía frío, y muchos de los troperos todavía mojados, así que Espíndola se adelanta unos Km. a pedir quedada con algunos de los gurises, nos dan la manga para encerrar, un galpón para dormir y abundante leña; el galpón llama la atención por lo limpio y abrigado, es la estancia de Barera. Nos reciben calidamente y se deshacen en atenciones con los niños, chocolate caliente, tostadas con manteca, etc…, mientras tanto en el fogón secábamos ropa. Mucha charla, anécdotas e historias.

 Entrada la noche preparamos nuestras camas, se acuestan los troperitos quedan inmediatamente dormidos, al rato antes de acostarme, reviso, linterna en mano uno por uno a los gauchitos, alguno se ha destapado, a otro le falta el poncho y todo el mundo quietito.

Ese día hubo requisa de cuchillos, solo los grandes podían portar, pues hubo varios cortes en los dedos con el asado y la galleta.

 Nos movemos en la madrugada, la gente de la estancia estaba en pie, nos ofrecen una oveja carneada (¡en estos tiempos!). Llaman a los muchachos, hay un rico y abundante desayuno, esto no parece una tropa. No tenemos palabras para agradecer a esta familia, nos hicieron sentir como en nuestra casa ¡que lección para los chicos!

Partimos, los caballos como ovejas, largamos el ganado y se pone inmediatamente a pastar, es una calle dura, con mucha piedra, vamos rumbo a la tapera de Oribe, camina poco la tropa, no hay agua, vamos siempre paralelos al Cordobés derecho a Cerro Chato.

 Al medio día asado en el camino, chilcas y bostas son nuestro combustible, el ganado viene con  mucha sed, sabroso el asado, a pesar de todo, vamos pasando estancias derecha , izquierda, la tropa hace fuerza cuando ve agua del otro lado del alambrado, un novillo de mediano tamaño se nos pasa, “ hay que agarrarlo ¡ vamos muchachos, pie a tierra y corran!”, logro agarrarlo de la cola, y me lleva como haciendo esquí “ ¡ a la cabeza Javier, vamos Guillo vos también!” los traga el bicho y pasa a los dos por arriba, necesito refuerzos “¡ Rafa, Carlitos vengan carajo, los cuatro a la cabeza!”, grito, y me lleva como el viento, se le tiran arriba todos, cabeza contra el piso, nos damos vuelta con el animal, ya es nuestro, lo maneamos y ahora hay que arrastrarlo. Aparecen Juan, Miguelito y Santi, y entre todos lo llevamos, lo pasamos por el ultimo hilo del alambrado, y listo el pollo. “Cuidado lo voy a soltar, miren que está malo”, sale bufando el animal y en un galope se junta con los demás.

Seguimos, al rato suena el celular, era mi hermano que andaba en la zona (si tenía celular y qué?) andaba en camioneta con víveres, gran alegría de los chiquilines, coca cola, bizcochos, fruta etc…, nos acompañan el resto de la tarde, eran Miguel y Felipe (5) padre y hermano de Miguelito, a quién no daban las palabras para contar lo vivido.

Llegamos a la tapera de Oribe, salimos a ruta 19 hicimos unos Km. y nos metimos a la izquierda en un destacamento policial, vemos agua en las cunetas, subo a la camioneta y nos adelantamos unos 6 Km., la calle termina en una portera, cerquita de un casco de estancia. Decidimos largar el ganado en esa calle, y acampar en un monte, ponemos una ronda, es ancha la calle unos 40 mts. Aproximadamente, armamos una carpa enorme con todas las lonas, los chicos noveleros, Miguel decide quedarse, Felipe está encantado.

Averiguamos en la estancia de Silvera y nos informan que estamos a unos 12 Km. del río Yì, pegado al paso está la estancia de Pérez del Castillo, gente conocida  además de parientes.  Estuvo frío esa noche, aunque nuestros recados estaban cada día más cómodos; era un silencio total, la luna casi llena, la noche perfecta para estar a campo, de cuando en cuando el cencerro…

Vázquez se levanto bien de madrugada y prendió un buen fuego, era miércoles, todos los días guardaba bajo los pelegos charamuscas que así se mantenían bien secas y no se mojaban con el rocío de la mañana, ardían rápidamente.

La tropa agarro buen ritmo ese día, caminamos mucho, nos encontramos con Andrés Pérez del Castillo y le pedimos para dejarle un novillo sentido, fue la única baja en la tropa.  Nos estuvo acompañando por un trecho, en su camioneta, compartimos una agradable charla, cruzamos el río Yì y estábamos en Florida, al poco rato el arroyo Valentines, un lindo y pintoresco lugar, paramos al medio día, ya sobre el arroyo Monzón.

Volvimos en nuestra camioneta, a lo de Pérez del Castillo, después del mediodía, tomamos un té, sirvió para digerir los asados, y algunos chocolates, hicimos una pequeña recorrida por el establecimiento y a  las 14:30 estábamos nuevamente en la tropa.   Esa tarde hizo calor, los gurises mataron una coral que rondaba el fogón, gran alboroto, nos pusimos nuevamente en movimiento, calles de tropa muy empastadas, cruzamos la picada en el Monzón, el ganado toma mucha y abundante agua, da gusto lo manso que está.

Juan se quiere dar un baño, pero el agua queda revuelta, esperamos un rato y la pequeña correntada deja el agua como un cristal. Se baña el solo, chapotea loco de contento, la tropa se va lejos 3 o 4 Km., seguimos al tranco hasta alcanzarlos ahí armamos una pequeña ronda y mudamos caballos bien formados contra el alambrado. Todavía quedaba algún pingo con nervios, pero ¡que gauchitos están los gurises!, actúan con confianza y paciencia, como reconocen los matungos al hombre bien plantado y decidido!

 Enseguida estuvo todo pronto y a marchar. Llegando al camino de Monzón, aquel que desemboca en ruta 7, nos encontramos con un casco de estancia muy particular, un ómnibus viejo, era la casa principal y unos ranchos arrumbados los galpones, nos presentamos al encargado que estaba a punto de poner 2 0 3 mulitas a la olla, un gaucho a la antigua, largo pelo y barba y todo eran risotadas y expresiones exageradas, era un hombre de Tacuarembó, cuidaba este campo, que era arrendado  y al no tener comodidades habían optado por el ómnibus oxidado, no le faltaba nada, pero el desorden era tremendo, buè, cosas que se ven.

Pasamos frente a estancia Monzón y nos dirigimos hacia el oeste rumbo Sarandi del Yì.

Llegamos de tardecita a la estancia La Azotea sobre Molles del Pescado. Ese día fue realmente agotador, empujamos y empujamos no caminaba nada el ganado y otra vez a la manga. Hubiese preferido hacer ronda, y que el ganado pastara, no había opción debíamos dejar  todo pronto para salir temprano al otro día. Ahí se terminaba la calle, para adelante campo abierto, y muchos alambrados eléctricos. Nos habían dicho que la picada era fea.

 Preparamos nuevamente una carpa que arquitectónicamente hablando era muy diferente a la anterior, ancha y media plana, pero muy cómoda.

Miguel esa noche se volvió a Florida,  Miguelito derramo algunas lagrimas en la despedida, le hablé fuerte y reaccionó, la cuestión era irse o quedarse pero no se podía llorar. (carancho, es chiquito el guri¡¡) Cenamos el concebido asado y a dormir, la noche estaba más linda que la anterior no hacía tanto frío, revisé a los troperitos, roncaban a pata suelta.

 Me conecté vía celular con mi Sra. y mis nenas que estaban ansiosas por vernos, el encuentro iba a ser al otro día, les pedí que estuvieran temprano cerca del frigorífico Modelo, escaseaban los víveres, poca carne y galleta.

Los chiquilines están bien, cansados pero enteros, ninguno quiere aflojar, la idea es llegar todos juntos a destino, no preguntan mas la hora, no hay ansiedad en sus rostros, están mas pacientes ¡Como amansa la tropa!

 Hoy es jueves de madrugada, el fogón, el mate, algo de asado, la rutina. El cielo esta limpio y a esta hora la temperatura agradable, síntoma de que va a estar caluroso.

La tropa ya movió. Yo me quede con Juan, Miguelito, y Carlitos, a levantar el campamento, cuidando de que nada quedara tirado y/o desordenado, nos despedimos del capataz, hombre serio y poca gracia, le agradecimos y nos fuimos.

¿Dónde va la tropa? Era un campo bastante quebrado, así que se nos desapareció el ganado, el rumbo lo sabíamos, pero…, seguimos el rastro por el rocío, que se rompe a esa hora y dimos con ellos al momento de enfrentar la picada, tenía una portera de cimbra a la entrada, y más dudas que certezas, Vázquez se gana a la picada para estudiarla, los gurises y Espíndola formaron en la vuelta del ganado parando rodeo, yo me quedo en la portera, en unos 10 o 15 minutos al volver, el comentario: “ Pucha que es fea la cosa” nos reunimos con Espíndola, decidimos que se tire adelante con las yeguas, “mire que hay una zanja y barro, cuándo asome agarre a la izquierda  después a la derecha, el ganado lo va a seguir, esta con sed, hay que dejarlo tomar agua, así que despacio pero firme”.

“¡Vamos muchachos! Metan grito que no se quede ninguno”.

esta realmente fea la picada, mucha chilca, monte bajo y zanjones, se cuenta al salir y no falta, “esta bien tropeado” dice Espíndola, “ahora no se quedan”.

Guillermito (a quién todos decimos Guillo) por ser el más grande en edad, era el más dispuesto y decidido, un lujo el chiquilín de a caballo. Se había convertido en el preferido de Vázquez y este le decía Guille, Guille para acá, Guille para allá. Observé que Santiago (Santi), el hermano, se ofuscaba cada vez que éste lo llamaba y se burlaba por lo bajo diciendo: Guille, Guille, Guille.  En un momento Vázquez reclama a su preferido y Santi se pone furioso, y dice en voz muy fuerte: Guille, Guille, Guille, y Santi para cuándo? Todos largamos la risa, eran celos profesionales lo que tenía.

A media mañana paramos, comimos un poco de asado y frutas, el camino estaba empastado el ganado le daba duro a la muela. Divisamos a lo lejos un arroyo nos propusimos llegar hasta allí antes del mediodía, se veía cercano a  la ruta 14.

La camioneta estaría en la vuelta, así que había que bañarse, cambiarse de ropa, en una palabra estar limpios y decentes, el arroyo el objetivo. Cuando llegamos el agua estaba fría, algunos de los troperitos reacios, pero al fìn todos al agua, mucho jabón y colonia, una buena cepillada de dientes, ropa limpia y todos como nuevos.

 Vázquez y Espíndola siguieron para atajar la delantera en ruta 14, iban a ir cocinando el poco asado que quedaba, estuvimos prontos y salimos, alcanzamos la  puntera y nos  prendimos a unos huesos con carne, había hambre en el cuadro, la palabra compartir hizo punta, un poco a cada uno, aparecieron unas manzanas que fueron partidas en cuatro, alguna en mal estado, con gusano incluido, que fueron gambeteados por dientes presurosos, nada daba asco. El calor era intenso, la sed apremiaba, Rafa salió al galope a una estancia cercana, trajo agua potable que fue dividida en pequeños sorbos.

 Al fin apareció la susodicha camioneta, eran como las tres y media de la tarde, agua fría, bebidas, frutas, dulces, etc. y familia. Después de surtir bien nuestros estómagos, abrazos y fotos, había que seguir, algunas de las nenas suben a caballo y marchamos. Que lindo estuvo esa tarde! La idea era llegar al arroyo Illescas y tratar de pasar antes de la noche, la camioneta y la familia nos acompañan toda la tirada, en la distracción de la charla, le erramos al camino en una bocacalle, y nos metimos rumbo a lo del vasco Goday, hay que parar y desandar, que macana!, perdimos tiempo y nos agarro la noche antes de la picada, ya se habían acoplado mi hermano Javier y mis padres, cada uno con sus vehículos, así que era una tropa con caravana, bueno, paramos y rondamos. Entre todos armamos el campamento, al correr del alambrado, hicimos una carpa larga, de una sola agua, el fogón, era de los buenos, mucha leña  y mucha gente, el asado estaba bien completo, chorizos, pulpa de vaca y asado de oveja, era una fiesta en pleno campo!!. Los sobrinos chicos, probaban las camas en la carpa, bien noveleros, falto la guitarra nomás.

 Se fueron las camionetas, bien entrada la noche, ya todos bostezábamos, así que revisamos los víveres (teníamos 3 pollos congelados!!) acomodamos todo y a la cama.

Salimos bien temprano ese viernes Santo, la pasada en el Illescas era muy pintoresca, arenales y grandes lagunas, por donde pasamos estaba hondo, Miguelito iba en su pequeño pony, y se hacían apuestas si nadaba o no. Cruzaron olímpicos el caballito y su jinete, ¡que pingo el petisito!

 Esa mañana, empujando y empujando, nos devoramos unas 3 leguas. Salimos a la ruta 41, hice varias llamadas a familiares, así que me entretuve relatando la tropa en vivo y en directo, después de 2 ò 3 Km. en la 41 tomamos a la  izquierda por la calle que va a pueblito Ferrer. Ese medio día le tocó el turno a los 3 pollos, con un poco de mala conciencia por ser viernes Santo pero creo, estábamos bien justificados, la verdad quedaron cómo al horno, después de tan rica comida, había que lavarse,  teníamos jabón pero no agua, Espíndola, el hombre de los recursos, tenia en su recado una bolsa de agua, todos quedamos sorprendidos, hecha en género y goma por dentro, portaba unos 12 litros de agua limpia, la colgamos del alambrado y a lavarse uno por uno. En el campo más vale maña que…

Seguimos, y llegamos a pueblo Ferrer, nos encontramos con su casi único habitante, hombre viejo y conocido, el negro Marcos Andrade, nos reconoció al instante, hacia mucho que no lo veíamos, apretones de manos y recuerdos, tomamos agua fresca en la bomba que hay en la “plaza” del pueblo, despedida y a seguir.

Aparecen nuevamente las camionetas, Flopi (una de mis nenas) trajo su montura y ensilló su caballo,  nos acompañó el resto de la tarde, cruzamos brutas zanjas, los vehículos deben dar la vuelta por Capilla del Sauce, vamos rumbo a las Chilcas, no es nada cerca, se nos hace de noche, aparece un paisano en camioneta, averigua quiénes éramos y a dónde íbamos e inmediatamente nos ofrece su casa y un piquete para la tropa. Tuvimos suerte, faltaba mucho para las Chilcas. Este señor había sido tropero y jinete  siendo joven, había parado muchas veces en nuestro establecimiento, siempre fue bien atendido por nuestro padre, nunca se le negó ni la quedada ni el agua para la tropa, nos estaba devolviendo el favor. ¡Lo que es la vida: redondita!

 Esa noche del viernes, era la última noche a campo, había una luna espectacular, la temperatura tirando a frío, los gurises ya estaban hechos, así que los invite a dormir a la intemperie, sin carpa, cosa que fue compartida inmediatamente. Tomamos los recaudos del caso, lonas en el piso, y buenos ponchos por arriba; cosa linda dormimos con los pingos cerquita de nuestras cabezas, en la vuelta, mientras ellos pastaban, nosotros en las manos de Morfeo.

 Es sábado de madrugada, hoy es el día de llegar, mañana es domingo de Pascuas, hay que estar en casa si o si, 5 y poquito estoy compartiendo unos mates con el dueño de casa, Vázquez  y Espíndola, mientras transcurre la charla, lo troperitos comienzan a moverse, unos se desperezan otros simplemente se dan vuelta, van llegando al fogón de a uno, Juan se levanta de mal humor, enojado por que no lo desperté a las 5 AM, el quería ser de los primeros; son aproximadamente las 6, el viejo Fierro ( que así le dicen al dueño de casa) les hace cuentos e historias viejas, Vázquez  y  Espíndola se van con la tropa. Una de las historias es de un carpincho que le robo un ponchito de verano y dice así: venia una mañana bien temprano, con una tropa mas grande que la nuestra, el rocío era machazo, pararon a la orilla de un arroyo, a  pegar un resuello y a desayunar, el poncho de verano estaba mojado por el rocío, así que se lo saca y lo deposita sobre una pequeña  “ABRA” para secar, por debajo del abra pasaba un caminito que parecía de oveja, están en lo mejor pegando un tajo, cuando se ven venir una tropilla de carpinchos en fila y al galope por el caminito derechito al agua, por la sorpresa no atinan a nada, el ultimo carpincho, uno grande y bien gordo, emboca en el ojal del poncho y se lo lleva puesto de cabeza al agua, chau poncho. Han pasado un lote de años, y en el vecindario lo siguen viendo, ahora están acostumbrados a toparse con el carpincho emponchado, en principio, cuando lo veían de lejos pensaban que era un gaucho enano sentado tomando el fresco a la orilla del arroyo.  Juan todavía me pregunta si el cuento del viejo Fierro era verdad y yo invariablemente le digo, cuando lo veas a Fierro pregúntale…., entre bostezos y somnolencia, los ojos se le saltaban de la cara.

 Nos despedimos y agradecimos al dueño de casa la estadía, marchamos a alcanzar la tropa, que ya iba a unos 5 Km., nos topamos con un chilcal cerrado, unos 3 Km. antes del arroyo el Sauce, impresiona  el tamaño de las chilcas, desapareció el ganado y los caballos, solo se veían los jinetes, perdimos mucho tiempo ese lugar, ahora se justifica el nombre del pueblo de Las Chilcas. Muy fea la pasada en el arroyo, los alambrados, todos rotos, se nos gano una punta de novillos hacia la margen izquierda, lo tuvimos que sacar de a pie, nos dio mucho trabajo este lugar, pensamos que se nos había quedado ganado, contamos al salir, y teníamos bichos de mas. ¿Que había pasado?, se nos entreveraron animales ajenos, novillos y vacas, ¡que manera de atrasarnos! Paramos rodeo y apartamos, estábamos frente al pueblito Las Chingolas, pueblito que esta  lindero a Las Chilcas. Según cuentan, se llama así, por dos hermanas que vivían ahí hace muchos años, trabajaban en una comparsa de esquila, haciendo el oficio de benteveo, (dan latas, barren y juntan los vellones). Por ser mujeres les decían las chingolas, demás esta decir que tuvieron fama de ser bien guapas. Perros y curiosos sobraban en el pueblo, los novillos noveleros, se nos metían  en los terrenos, no había alma que los sacara, que manera de gritar, ¡fuera, perro ,correte guri, que haces ahí?! La madre que los tiro que estuvo bravo. Al fin pasamos, ya divisábamos el Mansavillagra, en una cabina de teléfono, tres chiquilinas, hacían que hablaban, 13 o 14 años, le echaban el ojo a mis troperitos, ninguno se digno a mirarlas siquiera, ¡que gurises más pavos! Para algunas cosas sirve la tropa para otras, parece que no. Les entro como una especie de timidez y quedaron como duros, que poca sangre pensaba yo…y hasta con rabia!!.

  Bueno dejando este episodio (risueño) de lado, estábamos sobre el paso del rey del mans2avillagra , a lo lejos se veía humo y un vehículo del otro lado, una llamada por el celular y confirmo que nos están esperando con un asado pronto, la picada en este arroyo es muy complicada, decidimos hacer ronda, y pasar después del mediodía con el ganado, nosotros nos tiramos a cruzar, mide como 1 Km. de ancho el monte, con mucho recoveco y caminitos que salen en todas direcciones, cuando nos asomamos, un vecino y amigo, Mateo Pastore, estaba del otro lado, tienen el campo pegado al paso, el baqueano que faltaba!!, conoce la picada como las manos de el. Inmediatamente dispusimos el paso del mismo, un tropero por acá, otro por allá, y a pasar, nos llevo no mas de media hora y estábamos del otro lado, ya en el barrio!!.Compartimos un rico asado, se sumaron algunos primos, casi toda nuestra familia, ya parecía una caravana política, el ganado adelante y muchos vehículos atrás.    

 Nos faltaban uno 18 Km., para llegar a destino, así que caballo, grito y algún bocinazo y marche y marche. Toda la tarde fue jolgorio y alegría, le toco el turno a las nenas y a los sobrinos chicos andar a caballo, nunca tome una cerveza tan fría y tan rica como la de esa tarde, una lata que me trajo un primo, inolvidable!!. Se nos hizo la noche, llegamos a La Coronilla, largamos el ganado, estallo un griterío como nunca, aplausos, abrazos, ¡viva la patria!, vivan los troperos!! Y mucha bocina, parecía que estaban recibiendo a

Héroes de guerra!!. Que familia!

Cenamos todos juntos, charlando y contando anécdotas, todos estábamos felices, había salido todo bien gracias a Dios.

Seguramente, para mi querido hijo y mis queridos sobrinos, esto que vivieron, fue una lección de vida, descubrieron que se puede ir un poco mas allá de los limites, la palabra COMPARTIR, es la palabra mágica  y, ser amigos, ser primos, ser…, HERMANOS, esto casi ,casi es la vida misma, ojala, nunca pierdan la alegría, el optimismo, el echar  “pa delante”, ser “ilustrados y valientes”, como decía nuestro Prócer, es una certeza, que  han regresado un poco mas hombrecitos, y yo, he vuelto a mi casa, un poco mas….niño, que no olviden, con esfuerzo y dedicación pura, siempre se sale “a flote”, que dios les ayude, el día de mañana, a ser buenos HOMBRES y mejores PADRES, así fueron nuestros padres, así fueron nuestros abuelos y bisabuelos; gente derecha y feliz.

Francisco Sanguinetti Gallinal.

                   

Fotos: R. Sanguinetti